Camboya: una visita al pasado del Imperio Jemer

Por *Carina Fossati

Machu Picchu. Las pirámides de Egipto. Las pirámides de Chichén Itzá. Todo eso resulta imponente. Pero en Asia existen otras escalas. Como en Angkor Wat, el templo de las cinco torres en forma de capullo de flor de loto, que con un kilómetro y medio de superficie está considerada la mayor estructura religiosa jamás construida.

Esa es solo una de 97 ruinas de ciudades y templos que forman el Parque arqueológico de Angkor, zona camboyana que abarca unos 400 Km² y que es Patrimonio de la Humanidad desde 1992. Entre los siglos IX y XV, esta zona fue la capital del Imperio Jemer, que se extendía por los actuales territorios de Tailandia y Laos, y partes de Vietnam, Malasia y Myanmar.

Abandonada cuando los camboyanos trasladaron su capital a la actual Phnom Penh, las ruinas de Angkor (salvo Angkor Wat, que siguió en funcionamiento como monasterio budista) permanecieron semiescondidas en la selva durante cuatro siglos, hasta que llegaron los colonos franceses en el siglo XIX. Hoy, el Parque Arqueológico de Angkor constituye una de las mayores atracciones turísticas del Sudeste Asiático. Aquí, una guía para recorrer sus principales puntos de interés.

Angkor Wat

Uno de los sitios que no fueron abandonados durante cuatro siglos. El de Angkor Wat es el templo insignia del país y su silueta, compuesta por cinco torres en forma de capullo de flor de loto, está retratada en el centro de la bandera de Camboya. Fue construido por encargo del rey jemer Suryavarman II a principios del siglo XII, en honor al dios Vishnú -que forma, junto a Brahama y Shiva, la trimurti o trilogía básica del hinduismo- y a fines del siglo XIII, bajo la revolución religiosa iniciada por el rey Jayavarman VII, fue convertido al budismo.

Angkor Wat es el edificios sagrado más grande del mundo: está rodeado por una muralla de más de tres kilómetros y tiene un foso de 200 metros de ancho, que se atraviesa a través de un puente flanqueado con las esculturas de 54 “asuras” (demonios) a la derecha y 54 “devas” (dioses protectores) del lado izquierdo, todos ellos tirando de una serpiente con múltiples cabezas en representación de la lucha entre el bien y el mal.

Todo el Parque Arqueológico abre desde las 5.00 hasta las 17.30 y solo pueden quedarse hasta más tarde quienes tienen ticket para el día siguiente. Muchos visitantes optan por madrugar para ver el amanecer desde este templo, pues en días de buen clima el sol nace entre las torres y un imponente abanico de colores cálidos se refleja en las aguas del lago frente al templo.

Sin embargo si deciden hacerlo, sugiero revisar un día antes la previsión meteorológica, pues en las mañanas muy nubladas o de lluvia ver el amanecer aquí no hace diferencia respecto a cualquier otro momento del día. Los templos están separados por kilómetros de distancia entre sí, y el calor húmedo que predomina en esta región —más la extensa cantidad de escalones que supone llegar a la cima de cada templo— pueden resultar agotadores. Por eso tampoco se recomienda alquilar bicicletas para moverse dentro del parque. Mejor recurrir a los tradicionales “tuk-tuk”, triciclos con chofer, a aproximadamente 30 dólares por día. Y la ventaja adicional de contar con un local que puede aportar información y explicaciones sobre lo que se ve.

Ta Prohm

Conocido internacionalmente por la película Tomb Raider de Angelina Jolie, este templo permite retroceder imaginariamente al año 1860, cuando los colonos franceses Henri Mouhot y Louis Delaporte llegaron a este conjunto de ruinas. Se decidió conservar el estado original del templo al ser hallado, incluyendo los árboles y raíces de varios metros que habían crecido sobre las construcciones durante los siglos de abandono.

Ta Prohm fue un monasterio, universidad y hospital que llegó a alojar 12.000 personas, incluyendo altos sacerdotes y centenas de bailarines. Su construcción fue encargada en 1186 por el rey Jayavarman VII, una de las principales figuras de la historia de Camboya y el primero en pasar del hinduismo al budismo. Está dedicado a la madre del monarca, la reina Sri Jayarajacudamani, a quien se esculpió con inspiración en la deidad Prajnaparamita, madre de todos los budas y personificación de la sabiduría. En la puerta, además, el templo tiene una imagen del propio Jayavarman VII.

Bayon

Con 216 caras sonrientes de Buda esculpidas en piedra y distribuidas entre 54 torres, el Templo Bayon cierra la trilogía de “imprescindibles” de toda visita al Parque arqueológico de Angkor. Está ubicado en el centro de Angkor Thom, ciudad fundada en el siglo XII cuya muralla medía 12 kilómetros de largo por 8 metros de alto, que cuenta con cinco puertas de acceso y dos extensas terrazas (la de los elefantes y la del rey Leper) cada una de 300 metros de largo. La de los elefantes está adornada con esculturas de estos animales, de un caballo con cinco cabezas y de escenas de guerreros y bailarinas. La del rey Leper, por su parte, está repleta de bajorrelieves de demonios y otras criaturas mitológicas. Originalmente, había una estatua de Leper pero hoy es una réplica: la original fue trasladada al Museo Nacional de Phnom Penh. En Angkor Thom existen otras atracciones como el Templo Baphuon, una pirámide de cinco pisos y 25 metros de altura dedicado a la deidad hindú Shiva.

La palabra “angkor” proviene del idioma sánscrito y significa “ciudad”, mientras que “wat” y “thom” están en el actual idioma jemer/camboyano y quieren decir “pagoda” y “grande”, respectivamente. Por lo tanto Angkor Wat sería “la ciudad del templo” y Angkor Thom “la gran ciudad”.

Como el listado de templos y ruinas es extenso, se pueden adquirir pases para un día (37 dólares), tres días (62 dólares) o una semana (72 dólares). Con una jornada alcanza para cubrir el “circuito corto” (Angkor Wat, Angkor Thom, Ta Prom y un par de templos extra) y eso será suficiente para un turista promedio —salvo que sea arquitecto, antropólogo, historiador o similar— pues llegará un momento en el que perderá la capacidad de asombro, tal como sucedería al visitar la iglesia número 100 de Italia.

Siem Riep

Ubicada a solo siete kilómetros del Parque Arqueológico de Angkor, la pequeña ciudad de Siem Riep es el sitio más cercano para pernoctar, con opciones que van desde hostales para presupuesto mochilero hasta cadenas de resorts cinco estrellas.

Entre sus atracciones figuran dos templos —las pagodas Wat Preah Prom Roth y Wat Damnak— el Museo Nacional de Angkor y una feria permanente (el Old Market) donde se ofrecen artesanías, souvenires, indumentaria y accesorios, tanto falsificaciones de marcas famosas como originales a muy buen precio por ser excedentes de fábrica. Si va a ir de compras ahí, recomendamos regatear hasta un 50% del precio original.

También pueden visitar el parque temático Cambodian Cultural Village, que recrea las épocas de esplendor del Imperio Jemer, y/o navegar por el lago Tonle Sap para conocer alguna de las aldeas flotantes de pescadores que habitan en sus orillas.

Para las noches, se puede optar entre una cena-show en la que se represente la delicada danza tradicional “apsara” (un sitio donde las ofrecen es el restaurante Koulen, ubicado sobre la Av. Sivutha), alguno de los restaurantes o bares de la turística calle Pub Street, o aventurarse a la comida callejera en los puestos de los dos Night Market (mercados nocturnos) de la ciudad. Aquellos que decidan dedicarle más días a este país durante su viaje por el Sudeste Asiático pueden visitar también la capital Phnom Penh y/o balnearios camboyanos con playas sobre el Golfo de Tailandia, como Sihanoukville, Kep y la islas Phu Quoc o Koh Tonsay.

* Carina Fossati es la periodista creadora del blog de viajes y turismo Hills To Heels (www.hillstoheels.net). Este artículo fue publicado en el diario uruguayo “El País.